La actitud del PSOE hacia la OTAN fue el último gran ajuste
ideológico impulsado por Felipe González durante la primera legislatura
socialista. El «neutralismo activo» de la mayoría del nuevo antifranquismo
surgido desde 1956 impregnó al renovado PSOE, pero fue efímero,
ya que el partido de posguerra se había manifestado partidario de
la Alianza Atlántica aunque predominara la postura europeísta. La «ambigüedad
calculada» del moderado líder socialista al pedir un referéndum
permitió aglutinar el voto de la izquierda radical en 1982, pero tensionó
la sociedad española, endeudó al partido y retrasó la adquisición
de una cultura internacional. El viraje se produjo al poco de la llegada
al poder debido a la necesidad que tenía el gobierno socialista de desbloquear
la entrada de España en la Comunidad Económica Europea.

