La publicación casi simultánea de tres estudios, uno sobre Álvaro
Flórez Estrada, otro sobre el conde de Toreno y el tercero sobre
Antonio Alcalá Galiano 1 , confirma el interés creciente y renovado
por el primer liberalismo español. Teniendo en cuenta, además, la
proximidad de fechas como la de 1808, 1810 o 1812, no es difícil imaginar
que ese interés pueda sobrepasar los reducidos medios académicos
y universitarios hasta alcanzar una innegable proyección pública
que, a no dudarlo, no estará exenta de debate político.
Como todos los historiadores sabemos y aceptamos, hay dos
dinámicas interrelacionadas que permiten avances en nuestra disciplina:
por una parte, el momento, la situación política, el presente, en
definitiva, desde el que elaboramos y proyectamos unas expectativas
razonables de futuro que, por su parte, nos impelen a específicas
revisiones y reconocimientos en el pasado; y por otra, desde luego,
los propios avatares de la producción historiográfica, de la historia
escrita.

