A pesar de ser un fenómeno debatido desde hace largo tiempo por la biología, la psicología, la filosofía y un sector importante de la ciencia social (la antropología, la psicología social o la sociología política), la violencia ha ejercido hasta ahora en el historiador una fascinación muy relativa: rara vez ha ocupado un lugar central en los análisis de una época o de un paradigma histórico determinado. La violencia, y muy especialmente en su manifestación colectiva, se ha solido estudiar como preludio o como epílogo de un determinado desarrollo
histórico-social.

