«Ni tan jóvenes ni tan bárbaros», «Perros de paja», «Más ruido
que nueces», «Los malos de la película»... De los títulos de buena
parte de los artículos que componen el presente dossier parece desprenderse
una visión escasamente positiva de la implicación juvenil
en la política española durante el último siglo y medio. En realidad,
desde los tiempos más remotos, la juventud ha sido una fuente inagotable
de problemas políticos en todos los países. La peculiar posición
que los sectores de menor edad ocupan en la pirámide social, los
cambios radicales que experimentan en sus años formativos, su carácter
inquieto y su voluntad de cuestionamiento de los valores tradicionales
han generado ahora y siempre un largo cortejo de tensiones
respecto del poder controlado por las generaciones precedentes.

