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La conquista del Perú

La conquista del Perú
(Revista Desperta Ferro. Moderna, Nº 37, año 2019)

  • ISBN: 101030478
  • Editorial: Desperta Ferro Ediciones
  • Lugar de la edición: Madrid. España
  • Encuadernación: Rústica
  • Medidas: 28 cm
  • Nº Pág.: 65
  • Idiomas: Español

Papel: Rústica
7,00 €
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Resumen

Tras años de arduas exploraciones y con el beneplácito de Carlos I, Francisco Pizarro y Diego de Almagro, dos veteranos conquistadores, emprendieron la conquista del Perú, la invasión del más extenso, poderoso y rico imperio precolombino, el de los incas, una sociedad compleja de grandes constructores que todavía unos años atrás se encontraba en fase expansiva, pero que, en vísperas de la conquista, se hallaba sumida en una guerra intestina entre dos hijos del último emperador, o inca, previo al contacto con los españoles, Atahualpa y Huáscar. No fue tanto la superioridad de las armas europeas como la crisis que vivía el Imperio inca lo que propició que un puñado de aventureros, muchos de ellos sin experiencia en conflictos fuera de las Indias, doblegasen a un Estado capaz de movilizar a decenas de miles de guerreros. A pesar de todo, la sorprendente victoria hispánica en Cajamarca (16 de noviembre de 1532), que se saldó con la captura de Atahualpa, fue solo el primer episodio de la conquista del Perú. Los incas estuvieron a punto de exterminar a los conquistadores en 1536, cuando se rebelaron bajo el liderazgo de Manco Inca, hermano de Atahualpa y de Huáscar. La amenaza del inca, atrincherado en Vilcabamba tras el fracaso de su asedio sobre Cuzco, no fue óbice para que Pizarro y Almagro se enzarzasen en una agria disputa por el botín que marcaría el inicio de una década de guerras civiles, primero entre los conquistadores y luego entre estos y los leales a la Corona, que se cobrarían la vida de sus principales protagonistas. La autoridad real no quedaría afianzada hasta el gobierno del virrey Francisco de Toledo (1569-1581), que establecería definitivamente la arquitectura organizativa del virreinato.

SUMARIO:

· El Imperio inca. Familia, facciones y poder por R. Alan Covey – University of Texas

La dinastía inca fue el más poderoso linaje de emperadores del continente americano. Sus gobernantes dominaban la región de Cuzco, densamente poblada, y mediante generaciones de alianzas matrimoniales estratégicas con mujeres poderosas de los grupos vecinos acrecentaron la masa de trabajo tributario para la agricultura y el pastoreo, así como para construir obras monumentales y emprender campañas militares. La práctica de enviar periódicamente fuerzas avasalladoras para dividir y conquistar a las comunidades de la cordillera condujo a la rápida anexión de extensos territorios. Sin embargo, los españoles llegaron en un momento en el que aspectos vitales del poder inca estaban patas arriba y, el futuro del imperio, en tela de juicio.

· La celada de Cajamarca. La conquista se inicia con jaque mate por Esteban Mira Caballos – Universidad de Sevilla

Cuando Francisco Pizarro partió con sus hombres en la tercera y última de las jornadas del levante sabía bien que la única posibilidad de supervivencia pasaba por no dar un paso atrás. Tras fundar la villa de San Miguel de Tangarará para que sirviera de refugio en la retaguardia, el 24 de septiembre de 1532, las huestes se encaminaron hacia Cajamarca al encuentro con el inca Atahualpa. El enfrentamiento más decisivo de toda la conquista se desarrolló en aquella ciudad. Uno y otro líder urdieron una trama para acabar con su oponente. El inca confiaba en sus fuerzas, por lo que pensó que la plaza se convertiría en una trampa mortal para sus enemigos. Su idea era escuchar el mensaje de los extranjeros y a continuación apresarlos y sacrificarlos a sus dioses. En cambio, Francisco Pizarro pensaba capturar a Atahualpa en medio de la huida de sus tropas.

· Huestes y tácticas conquistadoras por Antonio Espino López – Universidad Autónoma de Barcelona

La hueste que conquistó el imperio de los incas alcanzó los trescientos cincuenta infantes y los sesenta y siete efectivos de caballería. Dos terceras partes de aquellos hombres eran baquianos, veteranos de Indias, gente dura y aclimatada ya a aquellas tierras, si bien las selvas panameñas poco tenían que ver con los Andes. El secretario de Francisco Pizarro, Pedro Sancho de la Hoz, siempre defendió que, en una tierra tan difícil por su orografía como Perú, Pizarro tuvo una muy buena baza en la calidad de la gente que llevó consigo, pues todos tenían una gran experiencia en otras conquistas indianas y estaban curtidos en los “trabajos” de la guerra. Asimismo, el hecho de haber contado con la presencia de tropas aliadas aborígenes en sus filas ayudó sobremanera a Pizarro y sus capitanes a domeñar la resistencia inca.

· Los incas y la guerra por Eduardo Torres Arancivia – Pontificia Universidad Católica del Perú

La conformación y el funcionamiento de los ejércitos incas, la lógica y fines de sus acciones de conquista, los niveles de violencia, el uso de armas y los ritos mágicos-religiosos anexos al acto de la guerra en los Andes nada tuvieron que ver con los usados en la Europa del siglo XVI. En aquella región y claro está, entre los incas, la guerra tenía que ver con aspectos rituales muy complejos en los que las formas económicas, la cosmovisión, el sacrificio a los dioses y los más estrictos rituales se ponían al servicio de aniquilar o vencer a los enemigos. Los conquistadores se dieron cuenta de que los incas no salían a pelear con luna llena, de que les aterrorizaba que los cuerpos de sus muertos fueran mancillados, de que los líderes (incas o caciques) eran huacas, es decir, seres sagrados, y que las alianzas militares se lubricaban con aspectos mágico-religiosos y se expresaban en intricados mecanismos de reciprocidades.

· El sitio de Cuzco por Eduardo Barriga Altamirano – Pontificia Universidad Católica del Perú

En su marcha hacia la capital del Imperio inca, Francisco Pizarro se alió con Manco Inca, hermano y rival de Atahualpa, y ambos entraron triunfales en la ciudad en noviembre de 1533. Sin embargo, la alianza pronto quedó rota y los incas pasaron al contraataque. Entre el 6 de mayo de 1536 y el 18 de abril de 1537, las huestes de Manco Inca sitiaron Cuzco de manera intermitente con la firme intención de expulsar a los conquistadores de la capital del Tahuantinsuyo. A pesar de todo, las huestes pizarristas, lideradas por Hernando Pizarro, con ayuda de indígenas aliados, pudieron contrarrestar el ataque incaico y mantener el control de esta ciudad a lo largo de once aciagos meses de confrontación.

· Las guerras civiles entre los conquistadores por Antonio Espino López – Universidad Autónoma de Barcelona

Así como la conquista de México se inició con un “pecado original”, como se ha calificado el hecho de que Hernán Cortés no hubiese firmado una capitulación con la Corona, en el caso de la conquista del Incario sí hubo la firma de una capitulación, la de Toledo, de 1529, pero muy favorable para los intereses de Francisco Pizarro y muy poco, en comparación, con los de su socio, Diego de Almagro. Y ese fue, también, un “pecado original”. En abril de 1537, la negativa de los Pizarro a cualquier clase de pacto sobre la posesión de Cuzco llevó a Diego de Almagro a asaltar la ciudad por varios puntos y a tomar presos a dos de los hermanos, Hernando y Gonzalo. Al poco tuvieron lugar las primeras operaciones bélicas de una guerra civil terriblemente cruel y prolongada en la que se vivió una auténtica fiebre armamentística y se importaron despliegues clásicos de las guerras europeas.

· De conquistadores a encomenderos Pacificar, consolidar y reorganizar el Perú por Sergio Angeli – Universidad de Buenos Aires

La conquista y pacificación del Perú fue un largo proceso que se desarrolló desde el primer contacto por parte de Francisco Pizarro y sus huestes con el inca Atahualpa en 1532 hasta la definitiva organización institucional que muchos historiadores atribuyen al quinto virrey peruano, don Francisco de Toledo (1569-1581). Durante aquellos turbulentos cincuenta años se fue gestando lentamente la sociedad hispanoperuana, con marchas y contramarchas que terminaron cristalizando hacia fines del siglo XVI en un virreinato institucionalmente pacificado y administrativamente ordenado. Tras la abdicación del emperador Carlos V, su hijo Felipe II realizó una política activa hacia el Perú a fin de posicionarlo como uno de sus más importantes dominios debido a las enormes remesas de plata que desde allí se enviaban a la metrópoli y con las cuales el joven monarca sostenía su activa política europea.

Directores Alberto Pérez Rubio, Carlos de la Rocha, Javier Gómez Valero.

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