El 14 de abril de 1931 ha sido convencionalmente fijado como una formidable frontera histórica, una fecha que separa un antes y un después, supuestamente bien diferenciados. Sin embargo, sorprende que una cesura tan poco convincente haya sobrevivido tanto tiempo
sin ser cuestionada. Los republicanos, inesperadamente triunfantes, elevaron su victoria al rango de éxito moral sobre la vieja política. De forma implícita, una nueva «era republicana» empezó a contar a partir del alegre y civilizado cambio de régimen. Pero, en realidad, ¿había cambiado algo entre los días 12 y 14 de abril?

