La posteridad, o la historia, ha sido con Robespierre tan inclemente
como él solía serlo con aquellos a quienes se oponía. Quizá por
eso han tenido que transcurrir más de doscientos años para que sus
Obras completas hayan quedado reunidas en una edición definitiva.
Además de algunos dictámenes jurídicos o alegatos forenses desde su
condición de abogado, unos cuantos divertimentos literarios y disertaciones
—pasatiempo en las reuniones académicas que tan importantes
fueron en la sociabilidad ilustrada y que él frecuentó en su
Arras natal— y unas pocas cartas a parientes o allegados, estas Obras
completas se constituyen con la parte más sustancial de sus opiniones
políticas, los discursos tanto en la Constituyente como en la Convención,
así como ante la que fue siempre su audiencia más devota y atenta,
la sociedad de los Jacobinos.

