La indicación, algo culpabilizada, de que el espectáculo televisado del
ataque terrorista al World Trade Center de Nueva York el 11 de septiembre
de 2001 venía acompañado de una sensación de lo «ya visto» fue una
respuesta generalizada a la tragedia. Dado que los actos terroristas, por
definición, son una forma de teatro político, y también que las reacciones
al golpe fueron igualmente esteroetipadas, este ensayo explora la destrucción
de las torres gemelas como una perversa construcción literaria, un desastre
inventado a partir de clichés superpuestos, acumulados a lo largo del tiempo,
en gran mesura sobre las interacciones ente «Oriente» y «Occidente», que
debería ser enfocada a través de una lente historiográfica para evitar la
manipulación sobreexcitada en uno u otro sentido ideológico.

