Como recuerda F. M. L. Thompson en el prefacio editorial a su reciente The Cambridge Social History of Britain, 1750-1950, la historia social es un campo cuyos contornos y fronteras han experimentado durante la última generación cambios fuera de toda medida: joven disciplina que carece de un marco de ortodoxia convencional, la historia social -escribe Thompson- deriva su atractivo y su fascinación de su apertura sin límites, de su libertad respecto a tradiciones establecidas, de sus hábitos eclécticos, lejos de la necesidad de sentirse respaldada por una versión autorizada.

