En sus respectivas ponencias presentadas al IV Congreso de Historia
Social de España (Lleida, 12-15 de diciembre de 2000), José
Antonio Piqueras y Vicent Sanz, por un lado, y Pere Gabriel, por
otro, coincidieron en señalar que la historia de los trabajadores y
del movimiento obrero ha conocido en los últimos lustros una dedicación
decreciente por parte de los historiadores, pese a haber definido
el objeto de estudio en su rica complejidad como nunca hasta ahora
se había hecho. Mirando con cierta nostalgia reivindicativa a tiempos
pretéritos, en los que tales actores atravesaron momentos de auge
y de esplendor -los años sesenta y setenta-, los autores citados
responsabilizaron de ese supuesto declive a las críticas que había
sufrido esta rama de la historia social, a su disolución en la historia
de los movimientos populares en general, al abandono de la historia-
compromiso y a la regulación institucional del conflicto social
que se ha dado en España en nuestra todavía joven democracia.

