En este artículo nos planteamos el análisis de una vertiente
de la política que no se expresa en el plano institucional; en concreto,
nos proponemos reflexionar acerca de las redes personales como
recurso o instrumento informal del poder, como medio de influencia
social y como mecanismo de comunicación y de información. Un
objeto de esta naturaleza tiene múltiples facetas y puede ser abordado
de modo diverso. Por lo que a nosotros respecta, tomamos la figura
del notario y los documentos que produce como materia de análisis.
La razón, como se verá, estriba en la centralidad que adquiere este
profesional en la sociedad burguesa: es un mediador, es un componedor
y es un nexo que une a distintos individuos y que sella
diferentes relaciones sociales. De hecho, la notaría es el lugar que
todos los burgueses frecuentan, la escribanía a la que todos los
adinerados acuden dejando huella de sí. Más aún, los protocolos,
que son compendios de actos económicos o de contratos, pueden
tomarse también como mapas de relaciones sociales e incluso como
historias de vida. Es en este sentido, pues, en el que concebimos
el conocimiento de esas redes personales como fórmula idónea para
el estudio de la política informal, justamente por estar condicionada
por lo privado, por los intereses en conflicto o en colusión.

