«No se puede acceder a la verdad escribiendo historia, sólo se accede a ella con las novelas.» Recibí esta tajante advertencia durante una incómoda entrevista con Gerald Brenan después que hubiera rechazado mi petición, en nombre de los editores de la Oxford History 01Europe, de escribir el tomo sobre la España moderna. Creo saber lo que quiso decir: el historiador, encadenado a sus fuentes, no se permite el salto intuitivo del poeta y el novelista. Sin embargo, había sido la publicación de su historia de la España moderna, El laberinto español, en 1943, lo que había convertido en héroe cultural a un novelista pasable y poeta de segunda, conocido sólo en un círculo limitado de amigos admiradores.

