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William Wallace. Guardián de Escocia

William Wallace. Guardián de Escocia
(Revista Desperta Ferro. Antigua y Medieval, Nº 97, año 2026)

  • ISBN: 101142938
  • Editorial: Desperta Ferro Ediciones
  • Lugar de la edición: Madrid. España
  • Encuadernación: Rústica
  • Medidas: 28 cm
  • Nº Pág.: 65
  • Idiomas: Español

Papel: Rústica
8,75 €
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Resumen

A lo largo del siglo XIII el reino de Escocia experimentó la que quizás fuera su edad dorada. Dirigido por un rey capaz, el Estado reforzaba progresivamente su autoridad, se consolidaba e incluso expandía territorialmente a costa de los noruegos. Pero todo se vino abajo con la muerte del rey, que trajo consigo una terrible crisis sucesoria, con más de una docena de pretendientes. Era la coyuntura perfecta para que su vecino del sur, el ambicioso Eduardo I de Inglaterra, tomara cartas en el asunto y, bajo el pretexto de arbitrar en la disputa, invadiera el reino. Todo apuntaba a que, con el tiempo, Eduardo consolidaría su dominio y Escocia acabaría formando parte indisoluble de Inglaterra. Sin embargo, fue entonces cuando una serie de nobles escoceses, entre los que destacó un enigmático William Wallace, encendieron la chispa de la rebelión. Contra todo pronóstico, las huestes inglesas fueron aplastadas en batalla campal, iniciando así uno de los episodios más llamativos de la historia del medievo, una lucha entre David y Goliat cuyo trágico desenlace no hace sino subrayar la espectacularidad de la epopeya.

¿Una edad de oro? Escocia en el siglo XIII por Michael Brown (University of St Andrews)
El rey Alejandro III de Escocia se consagró como gobernante de un reino pacífico y próspero. Ejerció con mano de hierro su autoridad y pudo gobernar sin oposición. Un poeta recordaba aquellos años como una época de “cerveza y pan, vino y cera, juegos y alegría”. Pero con la repentina y catastrófica muerte del rey, en marzo de 1286 –que dio paso a décadas de conflicto–, el “oro de Escocia se convirtió en plomo”.

La “gran causa”. Crisis sucesoria en Escocia por Andy King (University of Southampton)
En una tormentosa noche de marzo de 1286, un hombre cayó de su caballo y se rompió el cuello. Este desafortunado accidente tendría consecuencias nefastas, desencadenando una serie de acontecimientos que condujeron a la guerra entre Escocia e Inglaterra, y al ascenso a la fama y la desgracia de William Wallace.

Eduardo I invade Escocia por Matthew J. Strickland (University of Glasgow)
El rey Eduardo exigió, como superior lord o señor superior (rey con autoridad sobre otro) de Escocia, que las importantes fortalezas de Roxburgh, Edimburgo y Berwick le fueran entregadas. Los escoceses ignoraron la exigencia. Para entonces, los magnates escoceses apartaron del gobierno a su propio rey y establecieron un consejo de doce para dirigir el reino. En 1296, el Parlamento escocés ratificó el tratado de alianza con Francia, lo que equivalía a una declaración de guerra contra Inglaterra.

Estalla la rebelión. William Wallace y el turbulento año 1297 por Matthew J. Strickland (University of Glasgow)
En torno a la primavera de 1297, se hacía ya evidente que la conquista de 1296 había sido meramente superficial. El resentimiento de los escoceses por la ocupación inglesa aumentó rápidamente debido a las exacciones fiscales. La clase media, compuesta por pequeños terratenientes y burgueses, estaba igualmente indignada por las exigencias del rey Eduardo de prestar servicio militar en el extranjero para su guerra contra Francia. Así, se registraron disturbios en varias partes del país. Un régimen más atento y enérgico podría haber actuado con rapidez para evitar que el descontento degenerara en revuelta, pero no fue así.

Stirling Bridge. La batalla que forjó una leyenda por David Gallego Valle (UCLM)
La mañana del 11 de septiembre de 1297, las aguas del Forth separaban dos formas muy distintas de hacer la guerra. Al sur del río, John de Warenne, conde de Surrey, y Hugh de Cressingham, tesorero de Escocia, habían reunido un ejército que sobre el papel parecía muy superior. Frente a ellos, al norte del puente de Stirling, William Wallace y Andrew de Moray aguardaban con una fuerza compuesta en su mayoría de infantes. La caballería pesada, principal instrumento de combate de los grandes ejércitos feudales, era muy escasa entre los escoceses. Sin embargo, el terreno y el propio puente iban a convertir aquella aparente inferioridad en su principal ventaja.

El guerrero escocés por Iain MacInnes (University of the Highlands and Islands)
Las guerras de independencia de Escocia (1296-1357) trajeron consigo el conflicto a un reino que había disfrutado de paz durante décadas. Los primeros años del periodo, mientras William Wallace estuvo activo (1297-1305), pusieron a prueba a los guerreros escoceses como no lo habían hecho en mucho tiempo. Sin embargo, la clase guerrera escocesa no carecía de habilidad, entrenamiento, armamento ni convicción, y líderes como Wallace lograron, en algunas ocasiones y siempre que se dieran las circunstancias adecuadas, importantes victorias militares.

La batalla de Falkirk por Kelly DeVries (Loyola University)
Tras la humillante derrota en Stirling Bridge, el rey inglés decidió tomar cartas personalmente en el asunto. Así, reunió un numerosísimo ejército dotado de una gran cantidad de arqueros y, con el propio rey a la cabeza, se internó en Escocia dispuesto a sofocar de una vez por todas la rebelión. Así se pusieron las bases para la que sería la mayor batalla hasta entonces librada en el curso de la guerra, una que cambiaría el curso de los acontecimientos.

Escocia sometida y la muerte de Wallace por Fiona Watson
Tras la batalla de Falkirk, Wallace renunció a su título, aunque continuó atacando a las fuerzas inglesas en Escocia, y mantuvo una frenética actividad diplomática. Sin embargo, en 1305, fue capturado. Trasladado a Londres, fue ahorcado, arrastrado y descuartizado (hanged, drawn and quartered).

Directores Alberto Pérez Rubio, Carlos de la Rocha, Javier Gómez Valero.

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