La imagen que de sí mismos se han venido haciendo los etarras y que, hasta ayer mismo, ha venido funcionando en el País Vasco y fuera de él como una auténtica representación colectiva en el sentido durkheirniano les presenta como herederos de los gudaris (soldados
nacionalistas del Gobierno Vasco en la guerra civil) y continuadores de los guerrilleros carlistas en supuesta lucha contra la abolición de la «independencia» foral.

