«La democracia teórica, iniciada dogmáticamente un siglo
antes, se tornaría práctica inevitablemente, ajena a
todo movimiento político y a pesar de toda resistencia
aristocrática. Dividiríanse los hombres en facciones cada
vez más enconadas, pero la convivencia obligada por
nuevas modalidades en las costumbres, en la cultura, en
los espectáculos y deportes y corno consecuencia de
guerras generales en las que todos participaran sometidos
a una disciplina única, acercaría los niveles sociales
rompiendo los prejuicios que los separaban»
(Tomás Alfaro )

