Mediada ya la pasada década, un somero balance ofrecido por
David Ginard sobre los estudios en torno al comunismo español
mostraba un panorama realmente poco halagüeño, plagado de lagunas
y tergiversaciones. Oscilando continuamente entre la exaltación épica,
por un lado, y la literatura anticomunista de guerra fría, por otro,
la historiografía acerca de tan controvertida temática estaba lejos
de haber alcanzado la necesaria normalización. Es cierto que, hasta
los años setenta, la notable carencia de trabajos monográficos y la
escasez de fuentes disponibles habían dificultado una reconstrucción
mínimamente rigurosa, en sus grandes trazos, del desarrollo del movimiento
comunista en nuestro país; pero tan importantes como estos
factores eran los elementos de distorsión presentes tanto en las versiones
con voluntad hagiográfica (sobre todo la historia oficial realizada
por encargo del Comité Central del PCE) como en las elaboradas
con una clara intencionalidad denigratoria, al servicio de
la propaganda franquista (Comín Colomer, Ruiz Ayúcar).

