Desde las leyes de Bismarck, a finales del siglo XIX, algunos países
europeos van asumiendo progresivamente responsabilidades de índole
social. Derribados poco a poco los obstáculos que se oponían a la nacionalización
de políticas sociales, nacen los organismos destinados a estudiar
y garantizar soluciones a la nueva situación: se habilita, así, el
personal adecuado y la infraestructura administrativa inherente. Es como
si una pesada y compleja maquinaria empezara a moverse sin conocer
debidamente su funcionamiento o su alcance. La Europa industrial prodiga
esfuerzos para ir configurando paulatinamente un sistema de prestaciones
sociales. Se prepara la eclosión del Welfare State, que tiene
lugar después de la Segunda Guerra Mundial.

