Entre los objetivos del paternalismo industrial se encontraban
garantizarse la reproducción física de la fuerza de trabajo y la docilidad
de sus trabajadores. En ambos propósitos interferían negativamente las
tabernas, contempladas por los patronos en general como focos de enfermedad,
absentismo y sedición. El caso asturiano, y en particular el de la
mina de Lieres, reviste un carácter peculiar dado que la presencia de la
sidra en estos establecimientos contribuía a amplificar la sociabilidad
informal característica de los mismos y tan difícil de controlar por las
empresas como potencialmente peligrosa para las mismas, en tanto que
forjadora de solidaridades.

