Las revueltas o protestas populares han centrado el interés de muchos
investigadores sociales. Desde el siglo XIX, algunos pensadores se interesaron
por el problema que suponía la irrupción de «la era de las
muchedumbres» (en palabras de Gustave Le Bon), con la ruptura del
orden social de la que vino acompañado, y se centraron en el análisis
psicológico de estos colectivos. Según éstos, las razones de la participación
en estas revueltas era el fondo primitivo y animal del hombre,
su violencia salvaje y la influencia de todo tipo de sugestiones, imitaciones
o contagios. En la década de los 60 de este siglo, historiadores
y sociólogos de la talla de George Rudé, Eric J. Hobsbawn o Edward
P. Thompson, entre otros, intentaron romper con esta visión tan peyorativa
de los colectivos humanos. Comenzaron a interesarse por el papel
de la «multitud» en las revoluciones, motines y revueltas, y a intentar
desentrañar las lógicas que podían estar detrás de ello. En la actualidad
toda una serie de nuevos métodos estudian otros aspectos como la acción
colectiva racional, las identidades o la movilización de recursos, como
formas de acercarse a la problemática y ampliar las visiones previas
acerca de las protestas populares.

