Sobrepasar, en vuelo rápido y sin apenas matices, todo un siglo
peninsular supone un alto grado de audacia. Sin embargo, a ese tipo
de retos estamos acostumbrados los historiadores, y también a responder
a ellos cuando se nos hacen. Es un esfuerzo y un riesgo que tienen
por contrapartida lo atraetivo de la perspectiva comparada y de la presentación
a colegas españoles del interesante panorama portugués. Al
igual que ocurre en otros muchos aspectos (incluido el caso del idioma
portugués frente al español, gallego, catalán o aragonés), en este recorrido
encontraremos con frecuencia semejanzas espectaculares que, analizando
un poco, quizá no lo sean tanto, mientras que cuando las trayeetorias
parecen alejarse, quizá no lo estén tanto. Es el espejismo
tradicional que afecta a cuantos estudiamos, con amor y respeto, ambas
historias.

