Las reflexiones que ocupan el presente trabajo intentan poner en relación dos cuestiones que, a mi juicio, pueden arrojar cierta luz a la hora de caracterizar la presente crisis de la conciencia historiográfica. Esa crisis afecta, por una parte, al trabajo del historiador que
se encuentra perplejo ante la enorme variedad de formas de hacer historia -diometría, microhistoria, historia de las mentalidades, etc.- que encuentra en el mercado bibliográfico, tras el hundimiento de los grandes paradigmas vigentes desde el siglo XIX hasta hace bien poco tiempo.

