La vida política de la II República coincidió con un período excepcionalmente
difícil de la economía internacional. El pronunciado
descenso de la producción y el comercio mundiales ejerció una influencia
innegable en la evolución política y económica de la República
española. En sus diversos escritos y memorias, los políticos
republicanos hicieron notar la desafortunada coincidencia entre el
advenimiento del nuevo régimen y la crisis internacional. Naturalmente,
las adversas circunstancias económicas de la década de 1930
hubieran tenido una menor trascendencia si no hubiese sido por las
exageradas expectativas de mejoras sociales y económicas que habían
despertado la llegada al poder de los partidos de izquierda y de los
grupos republicanos. Parafraseando la conocida lista de Salvador de
Madariaga, del nuevo régimen se esperaba la resolución de muchos
de los problemas tradicionales del país: el problema de la propiedad
de la tierra, el problema de las libertades civiles, el problema del Ejército,
el problema de la educación, el problema de la Iglesia, el problema
de las nacionalidades y, por último, aunque no por ello menos
importante, el problema del atraso económico.

