Si en algo se caracteriza la imagen que Fernando VII y su reinado
han dejado a la posteridad es en el unánime juicio negativo que ha
merecido a los historiadores de ayer y de hoy. Pueden encontrarse
matizaciones acerca de su grado de incapacidad como gobernante, o
sobre la doblez de su carácter según corriesen los vientos de un lado
o de otro, pero existe una coincidencia general a la hora de calificar
al monarca Borbón que ciñó la corona en los inicios de la época contemporánea
y a su gestión como gobernante. En efecto, el primogénito
de Carlos IV no suscitó nunca la simpatía por parte de los estudiosos,
aunque algunos trataran de justificar sus deficiencias alegando la magnitud
de los problemas con los que tuvo que enfrentarse durante su
reinado.

