Hace más de treinta años Miguel Artola, en un importante trabajo
sobre la reconstrucción de San Sebastián -tras su destrucción por
los ingleses en 1813-, daba a conocer, por primera vez, el debate
que se produjo entre el arquitecto encargado de trazar los planos
de la nueva población y los propietarios del suelo, quienes veían cómo
tal proyecto trastocaba el valor de sus propiedades. Frente a la idea
de estos últimos de mantener la trama existente, el arquitecto proponía
un modelo de ciudad distinto, y en dlifensa de su Plan, el arquitecto
--junto con un conjunto de ciudadanos notables- recurría a la Academia
de San Fernando argumentando las ventajas de su propuesta
frente a la defendida por los propietarios del suelo, y como argumento
definitivo señalaba que «una ciudad se construye una vez, y para
miles de años».

