El comercio electrónico ha creado grandes oportunidades para los consumidores europeos, pues ha puesto a su alcance una mayor variedad de productos al permitir una fácil contratación
con proveedores distantes. Evidentemente, no solo los consumidores se han beneficiado de estos avances, ya que las empresas (especialmente, las PYMES, tradicionalmente confinadas
a sus mercados locales), han visto crecer exponencialmente sus mercados con un coste relativamente bajo.
Pero el e-commerce también ha supuesto grandes retos para las empresas europeas que deben afrontar nuevas formas de competencia. En efecto, además de ampliar la oferta, Internet
ha aumentado la transparencia y comparabilidad, por lo que los operadores pueden verse tentados a reaccionar imponiendo restricciones en sus relaciones verticales para mantener los
mercados compartimentados. Quizás por ello, y a pesar de la naturaleza intrínsecamente abierta de Internet, numerosos estudios demuestran que las compras online realizadas entre Estados miembros son sorprendentemente escasas. A fin de analizar las razones de este preocupante escaso desarrollo del Mercado único digital, la Comisión lanzó un estudio sectorial cuyos resultados son analizados en este trabajo.

