La interdisciplinariedad de la historia agraria suele obligar a sus
estudiosos a salir del rincón tranquilo del área de conocimiento respectiva
para explorar otros territorios, manejando (o al menos no
desconociendo) herramientas de análisis tales como la teoría económica,
la historia política o la demografía histórica. Tal complejidad
ha ayudado a enriquecer planteamientos o a desconfiar de explicaciones
unicausales. Hay varios temas que justifican lo que digo,
pero las limitaciones de espacio obligan a centrarse en el repaso
de las últimas publicaciones sobre cuatro aspectos nada marginales:
los recursos naturales, las instituciones, el cambio técnico y la política
económica.

