Tras el Desastre de 1898 * y coincidiendo con el cambio de siglo,
uno de los fenómenos que más universal y violentamente sacudieron
la vida española fue el anticlerical. Indudablemente, no era el anticlericalismo,
a tales alturas de la historia de España, algo nuevo ni
tan siquiera algo olvidado. Sin embargo, durante la primera etapa de
la Restauración y salvo algunos acontecimientos episódicos, las muestras
de anticlericalismo no salieron del papel impreso de los órganos democráticos
o de las modestas tribunas de los locales republicanos. Es
decir, no tuvieron mayor trascendencia ni en el Gobierno, ni en las
Cortes, ni en la calle.

