La enseñanza escolar de la historia, como es sabido, ha sido objeto,
durante los últimos meses, de una amplia polémica protagonizada fundamentalmente
por las diversas formaciones políticas presentes en el
Parlamento español. El debate ha finalizado provisionalmente con el
rechazo de la propuesta de reformulación de los programas presentada
por el actual gobierno conservador. Tras este percance parlamentario
se ha creado una nueva comisión que deberá de analizar la situación
de la enseñanza no universitaria de las enseñanzas humanísticas y emitir,
en junio de 1998, un riguroso dictamen sobre las mismas. La controversia
ha suscitado cuestiones que parecían estar relativamente superadas respecto
de la comprensión histórica de la nación española y de las «nacionalidades
» que la integran. La discusión ha servido también para
movilizar las opiniones en favor y en contra de las importantes reformas
educativas emprendidas en la primera mitad de los años noventa.

