El tema del «uso público» de la historia se configura actualmente como
un campo de investigación nuevo en el que se incluyen, en las últimas
décadas, estudios de historia política y cultural. Este dominio estudia el
problema permanente de las funciones políticas y culturales del pasado,
e intenta comprender la posición de los historiadores -y de ciertos usos
de la historia- ante la presente diversificación y globalización cultural. Sin
embargo, estamos ante un problema complejo que exige una profunda reflexión
sobre el significado y el alcance actual del oficio de historiador, y
donde los estudios sobre la «memoria» o los debates sobre la «crisis de
la historia» resultan ambiguos e insuficientes.

