La reciente edición —tan esperada— del emblemático libro de
Vicente Llorens sobre la emigración liberal de la segunda restauración
absolutista 1 es una muestra inequívoca del auge que han tomado
los trabajos sobre los exilios políticos desde los años ochenta del
siglo XX. Si esto ha sido así es porque el franquismo, que negaba los
siglos XVIII y XIX, no aceptaba el exilio, que calificaba como huida de
España de una caterva de indeseables y traidores a la patria. Por ello
resulta tan memorable el magistral libro de Llorens, una de las grandes
figuras del hispanismo en América. A él le debemos la recuperación,
desde la literatura y la historia, de una temática inexistente hasta
entonces en la historiografía de aquellos oscuros años; un estudio
que hasta hoy en día ha sido insustituible y que le coloca, si añadimos
sus otros trabajos, en la primera fila de los investigadores sobre las
emigraciones españolas.

