Puede que resulte alarmante para algunos el uso de un concepto
como «desequilibrio» al escribir sobre el carlismo, por aquello de la
imagen banal, propia de la cultura liberal, levantada en torno a este
fenómeno político, que lo relaciona con todo tipo de fanatismos
extemporáneos. No es, evidentemente, a este tipo de desequilibrios al
que quiero referirme, sino a aquellos que aquejan a su historiografía y
que quedan reflejados en tres libros recientes sobre el tema. Se trata
de un corpus bibliográfico preparado por el CSIC, de un ensayo recopilatorio
de Jordi Canal y de las actas de las primeras Jornadas de
Estudio organizadas por el Museo del Carlismo de Estella.

