En marzo de 1836 Fígaro escribía, a raíz de la crítica de una
obra teatral de Dumas:
«Fuerza es confesar, sin embargo, que en España la transición es un poco
fuerte y rápida. La Francia puede contar medio siglo de revolución cuando
nuestras revueltas no tienen siquiera la mitad de esa fecha, y aun nuestros
sacudimientos pueden apenas compararse con los de la vecina nación. Ella,
sin embargo, ha tardado medio siglo en hacer su revolución literaria... , y entre
nosotros en un año sólo hemos pasado, en política, de Fernando VII a las
próximas constituyentes, y en literatura de Moratín a Alejandro Dumas... En
una palabra, que estamos tomando el café después de la sopa».

