La tarea de delinear, aunque sea en trazos muy generales, las políticas de defensa y protección de la naturaleza que se adoptaron en el pasado -un pasado que se presenta absolutamente libre de delimitaciones y confines tanto geográficos como temporales- aparece
como un reto desproporcionado con respecto al modesto trabajo que supone un ensayo breve. Y, sin embargo, creo que vale la pena aceptar tal desafío, más por las posibilidades que ofrece a quien escribe de hacer algunas reflexiones, de esbozar algunos mapas de problemas, que por la posibilidad de afrontarlo, como sería deseable, en términos de reconstrucción de un desarrollo histórico coherente.

