En este texto se analizan las prácticas de violencia colectiva llevadas
a cabo por agentes armados en las zonas conquistadas por los rebeldes a
partir de julio de 1936. No se defiende un enfoque idealista o estructural
de la violencia, al no centrar la argumentación en las intenciones previas o
en la ideología de los agentes de la limpieza política. Lo que en realidad
influyó en las decisiones para matar de forma generalizada fue la eliminación
de los resortes de la ley republicana al derrumbarse el Estado en los
territorios conquistados por los rebeldes en una secuencia revolucionaria,
de una rebelión militar y el desencadenamiento de una guerra. Se generaron
procesos de incertidumbre, polarización, competencia y movilización
políticas, así como de dispersión o descoordinación del poder, que alimentaron
la posibilidad de políticas crueles, represalias, ajustes de cuentas,
represiones ejemplares y masacres. En ese contexto revolucionario y
bélico debe incluirse un proceso de carácter cultural consistente en la
identificación del enemigo desde una triple perspectiva, según su orientación
fuera hacia el pasado, el presente o el futuro.

