Las relaciones entre los dos Estados ibéricos a lo largo de la época
contemporánea han estado condicionadas, fundamental y prioritariamente
frente a cualquier otra consideración, por la emergencia, desarrollo
y consolidación del nacionalismo como ideología estructuradora de los
procesos de construcción de los Estados contemporáneos. El período
de crisis y sustitución paulatina de las estructuras del Antiguo Régimen,
caracterizado por la aparición simultánea y progresiva de un nuevo
modelo social y político marcado por el nacionalismo y la construcción
estatal de la nación, tiene en los dos países peninsulares un punto
de partida común: la Revolución Francesa y las posteriores guerras
de liberación del dominio francés.

