El artículo analiza la transformación del sentimiento diferencial catalán,
compartido por la mayoría de la sociedad desde principios del XIX, aunque
en general circunscrito en su manifestación pública, debido a las limitaciones
impuestas por la censura, a la defensa progresiva de la recuperación cultural,
pese a la reiteración de las peticiones descentralizadoras, a una reivindicación
política progresivamente estructurada y moderna, por la organización de sus
militantes y por el planteamiento de las propuestas ideológicas y de actuación.
El cambio de actitud, incubado a lo largo del XIX, tomó cuerpo durante el
Sexenio gracias a la ampliación de las libertades políticas, en especial la
de expresión, lo que permitió anorar y exponer las reivindicaciones latentes
desde tiempo atrás. El incipiente catalanismo político, que tuvo sus principales
valedores en los núcleos federales de izquierda, se manifestó siempre partidario
de la unidad de Espafla, aunque preconizaba una estructura federal atenta
a la personalidad de los diversos territorios y rechazaba la persistente identificación
de Castilla con España. El artículo, contradiciendo tesis extendidas,
rechaza el protagonismo carlista en la formulación del catalanismo por tardío
y vacilante y destaca las aportaciones teóricas de J. N. Roca.

