En la historiografía sobre el liberalismo isabelino, el libro de Isabel
Burdiel sobre Isabel II aporta una absoluta novedad que lo pone
en contacto con las nuevas tendencias en el estudio de las instituciones
liberales, incluida la monárquica, y la propia vida política -nueva
tendencia que se basa en la necesidad de un hondo conocimiento
del proceso constitucional, de sus estructuras y exigencias en el ámbito
occidental en el que se desarrolla, para enmarcar el análisis político
y que tiene su mejor antecedente para esta época en el libro de
Marcuello sobre la práctica parlamentaria-. Y es que la autora,
sin basarse específicamente en ese estudio constitucional, parece
tenerlo en cuenta al invertir la posición tradicional de partida en
sus hipótesis.

