Al concluir la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos desplegó
un conjunto de recursos informativos y culturales como parte de su estrategia
de enfrentamiento con la Unión Soviética en el contexto de la Guerra
Fría. La «maquinaria de la persuasión» edificada entonces pretendía
favorecer la afinidad del bloque occidental en torno al liderazgo americano.
España se incorporó con cierto retraso a aquel dispositivo, cuando
la posición estratégica del país dejó en un segundo plano los prejuicios
ideológicos hacia el franquismo. Tras los pactos de 1953, la misión básica
asignada a los servicios de información y cultura consistió en ganarse
a sectores clave de las elites dirigentes para promover su identificación
con los móviles de Estados Unidos.

