La España surgida de la Guerra Civil, en la que se comenzaba
a explayar y a imponer a todos la «lealtad» exigida por el Movimiento
cívico-militar, que progresivamente se instalaba tras el inicial fracaso
del «18 de julio» en todo el territorio, era sobre todo una España
rural, que a lo largo de la década siguiente continúa «rerruralizándose»
aún más, a consecuencia tanto de la coyuntura bélica mundial como
de la decisión política oficialmente alumbrada desde 1938 con la formación
del «Nuevo Estado».

