En la desintegración de Yugoslavia -la llamada segunda Yugoslavia,
constituida después de la Segunda Guerra Mundial y disgregada
en el año 1990-1991 tras la secesión violenta de sus unidades federales,
en primer término Eslovenia y Croacia-, entre los factores del país
también la historiografía desempeño un papel importante, como preparativo
intelectual. Tanto por lo que callaba, cuanto por lo que publicaba.
El ejemplo más patente es el caso de Franjo Tudjman, presidente
del actual Estado de Croacia, ex general del ejército titista e historiador
por vocación. Formado profesionalmente en el marco del Instituto de
Historia del Movimiento Obrero, en Zagreb, en el espíritu de la ortodoxia
marxista; él se convierte a fines de los años sesenta en protagonista
radical de la historiografía nacionalista croata, y políticamente se adhiere
al movimiento separatista y antiyugoslavo de Croacia.

