El 10 de octubre de 1996, con motivo de la apertura del Curso
de las Reales Academias, la ministra de Educación y Cultura pronunciaba
un discurso en la Real Academia de la Historia, en presencia
de los Reyes de España y del presidente José María Aznar, en el que
denunciaba el «calamitoso estado de la enseñanza de la Historia en
nuestro país». La crítica iba dirigida a la anterior etapa socialista,
a la que se le acusaba de haber sido capaz de eliminar progresivamente
la Historia de los planes de estudio con la intención de «manipular
con más facilidad a los ciudadanos». El desinterés manifiesto por el
estudio de la Historia era ciertamente un fenómeno de carácter general
pero, a diferencia de países como Gran Bretaña o Francia que supieron
reaccionar a tiempo, en España los anteriores responsables políticos
no lo hicieron en el momento oportuno. Por ello el nuevo gobierno
debía hacer frente a una situación considerada «muy grave», que requería
soluciones inmediatas.

