Durante el primer franquismo, las principales fuerzas del régimen
tuvieron en general una actitud de evidente antipatía hacia Estados Unidos,
en la misma línea antiamericana que había caracterizado al conservadurismo
español decimonónico y del primer tercio del siglo XX. Sin
embargo, los acuerdos hispano-estadounidenses de 1953 y la labor realizada
por aquel país para mejorar su imagen tuvieron consecuencias sobre
la imagen de los norteamericanos en España. De forma progresiva, el
antiamericanismo de carácter conservador fue erosionándose, sobre todo
en lo que se refiere a las altas esferas. La conveniencia política y la seducción
que ejercieron los estadounidenses sobre determinados sectores de
la sociedad franquista fueron factores decisivos para explicar esta evolución
del antiamericanismo conservador en España.

