El Mediterráneo, desde la antigüedad, ha sido un área de migraciones tanto en el
plano vertical como en el horizontal. La movilidad migratoria se ha convertido en
una constante, acentuada desde la segunda mitad del siglo XX, dibujando un período
actual que se caracteriza por tres rasgos distintivos: volumen, singularidad e importancia.
El arco mediterráneo es una frontera que polariza riqueza-pobreza, cuyas disparidades
económicas y demográficas se presentan como determinantes en el fenómeno
migratorio.
En este escenario marcado por la asimetría, los movimientos migratorios provenientes
del continente africano se intensifican, convirtiendo a la Europa comunitaria
en zona de destino. El análisis de la emigración adquiere carácter multidimensional
que abarca el ámbito económico, político, social e internacional.

