Las dos fases absolutistas del reinado de Fernando VII han sido
generalmente interpretadas como paréntesis de evocación siniestra que
retrasaron la llegada definitiva del régimen liberal en 1834. Los recientes
trabajos que reflexionan sobre la aparición del liberalismo desde la
perspectiva de la larga duración -una «transición desconocida» que
cubre desde el final del reinado de Carlos 111 a la subida al poder
de los moderados- conceden escaso interés a las fases de dominación
de Fernando VII. Ignorada con demasiada frecuencia, la más larga
de esas fases, la «década ominosa», posee sin embargo un fuerte carácter.
Unidas por un mismo rechazo, la literatura y las historiografías liberales
y conservadoras del siglo XIX han contribuido a asociarla a un período
de despotismo, de arbitrariedad, de crímenes de Estado perpetrados
por un rey y por una España oscurantista y fanática.

