Dentro de la compleja problemática que la II República española
tuvo que afrontar, lo que entonces se llamó «la cuestión religiosa»
ocupaba un lugar muy singular. En una reflexión de posguerra, Jiménez
de Asúa enumeraba estos cuatro grandes problemas de la
II República: la reforma militar (una reforma técnica), la cuestión
religiosa (una reforma liberal), el problema agrario (una reforma tardía)
y el problema regional (una reforma patriótica), pero probablemente
el religioso fue, de los cuatro, el que más contribuyó a
exacerbar los ánimos y, por consiguiente, a desencadenar la crisis del
régimen que desembocaría en la guerra civil.

