Las invasiones francesas de 1807 y 1808 constituyen el traumático
arranque de la Edad Contemporánea en la naciones peninsulares. La
destructiva guerra contra el invasor, el hundimiento de los viejos Estados,
la pérdida de los imperios americanos, las destrucciones y el agotamiento
de los recursos económicos y, en fin, las cronificadas luchas civiles
entre el liberalismo y el absolutismo cubrieron más de un tercio de
la historia portuguesa y española del siglo XIX.

