En las últimas décadas se ha impuesto como «opinión dominante» la de que hay que considerar la fundación del Reich como una «revolución desde arriba» que, con la imposición de la unidad alemana, satisfizo un desiderátum de las corrientes liberales y democráticas
de aquel tiempo, a la vez que tendía a domesticar al movimiento liberal y demócrata, canalizándolo mediante firmes diques. En general, nadie se opone hoy ya a la conocida tesis de Theodor Schieder de que Bismarck, a la hora de conducir su política, lo hizo movido
no sólo por el cauchemar des coalitions, sino también, y a la postre más todavía, por un cauchemar des révolutions.

