En 1923 Ramón Gómez de la Serna publicó la novela Cinelandia,
término que vino a ser sinónimo del mundo del cine. En la Gran Vía
madrileña se abrieron entre los años 1926 y 1933 y en breve espacio siete
palacios cinematográficos con un aforo que oscilaba entre los 1.500 y los
2.000 espectadores, y tres cines más pequeños pero no menos modernos
dedicados a la nueva modalidad, la sesión continua. En el entorno de
Callao, punto nodal del espectáculo cinematográfico madrileño, se ubicó
gran parte de las empresas que en España se dedicaron a la producción,
distribución y exhibición cinematográfica, amén de otras muchas de servicios
relacionados con el sector, y numerosos bares americanos dirigidos a
los consumidores del nuevo espectáculo. Todo ello vino a constituir en los
diez años anteriores a la Guerra Civil una verdadera Cinelandia madrileña.

