La empresa que ha concluido después de casi diez años en siete
gruesos volúmenes de Les lieux de mémoire 2, ha supuesto, además
de una aventura editorial, una aventura inteleetual, individual y coleetiva
a la vez. Colectiva, puesto que ha movilizado a casi ciento treinta historiadores,
en su mayor parte franceses. Individual, puesto que el proyecto,
la concepción de conjunto y la construcción en detalle han sido
fruto de un trabajo solitario que después de este largo camino no ha
evolucionado mal.

