Este artículo profundiza en el discurso patriótico e identitario que construye
la Administración Forestal española a base de atribuirse en exclusiva la defensa y salvaguarda de los montes públicos y de acusar a las comunidades
rurales campesinas de mala voluntad en el cuidado de los montes. Al mismo
tiempo, se evidencia una progresiva mercantilización del monte y una desarticulación
del comunal, procesos favorecidos por la propia Administración
Forestal. Finalmente, se ponen de manifiesto las respuestas conflictivas y
las resistencias colectivas que desarrollaron los campesinos para mantener
indemne su acceso a los recursos naturales y su subsistencia. Ello no quiere
decir que los más pobres fueran ecológicamente inocentes, pero sí que,
al apartar los recursos naturales del mercado, estaban más cerca de una
economía ecológica, poco crematística y a veces próxima a la expresión
thompsoniana de «economía moral».

